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$24.000M para IA en Colombia: el plan más ambicioso de Latinoamérica

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Colombia acaba de poner $24.000 millones de pesos sobre la mesa —aproximadamente 6 millones de dólares— para financiar proyectos de inteligencia artificial y computación cuántica. La convocatoria, llamada ColombIA Inteligente 2026, fue abierta por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MinCiencias) y tiene una particularidad que la distingue en el panorama latinoamericano: no financia laboratorios aislados ni startups en Silicon Valley. Exige que cada proyecto se ejecute en el territorio, con alianzas entre universidades, empresas y organizaciones locales.

La fecha límite para presentar propuestas es el 13 de abril de 2026. Cada proyecto puede recibir hasta $2.000 millones COP —cerca de 500.000 dólares— y tiene 14 meses para ejecutarse. La Ministra de Ciencia, Yesenia Olaya, lidera una iniciativa que se presenta como la mayor convocatoria con enfoque territorial de la región. Pero el dato más relevante no es cuánto se ofrece, sino cómo se ofrece.

¿Qué es ColombIA Inteligente 2026?

ColombIA Inteligente no empieza de cero. Es la tercera edición de un programa que ha ido ganando complejidad con cada convocatoria. Las dos ediciones anteriores financiaron proyectos piloto en universidades y centros de investigación, pero esta vez el diseño cambió de manera deliberada: MinCiencias ya no financia investigación por investigar. Quiere investigación con impacto territorial demostrable.

De los 24.000millonesCOPtotales,24.000 millones COP totales, **16.000 millones van destinados a inteligencia artificial** y $8.000 millones a computación cuántica. La distribución no es casual: refleja la estrategia oficial de cubrir dos horizontes temporales distintos. La IA es el presente. La computación cuántica es la apuesta por la próxima década. Ambas aparecen en la misma convocatoria, lo que sugiere que el Ministerio quiere que los proyectos empiecen a pensar en cómo estas capacidades se conectan entre sí.

La condición más comentada de la convocatoria es el requisito de alianzas. Ningún proyecto puede ser presentado por una universidad sola ni por una empresa sola. Se necesita un trío: una institución de educación superior (IES), al menos una empresa y una organización territorial —que puede ser una gobernación, una Alcaldía, una comunidad organizada o una Ong—. El objetivo declarado es que la tecnología no se quede en Bogotá ni en Medellín.

Además, la convocatoria establece criterios preferentes para comunidades étnicas, víctimas del conflicto armado y personas reincorporadas. Es un lenguaje que rara vez aparece en convocatorias tecnológicas de este tipo en la región. Y eso dice algo sobre la ambición real del programa.

La pregunta que el comunicado evita

Hasta aquí, la lectura oficial es optimista. $24.000 millones suena a inversión seria. Un programa territorial suena a inclusión. Criterios preferentes para poblaciones vulnerables suena a política pública con conciencia.

Pero hay una pregunta que el comunicado de MinCiencias evita con elegancia: ¿cuánto de esto se va a ejecutar realmente?

La brecha entre lo que se convoca y lo que se ejecuta es uno de los problemas estructurales de la política de ciencia y tecnología en Latinoamérica. Chile, por ejemplo, tiene 177 iniciativas de IA en ejecución simultánea con un avance reportado del 78% a abril de 2025. Las cifras de Chile son una referencia útil, no porque sean perfectas —78% de avance también deja un 22% de proyectos en el aire—, sino porque hay un sistema de reporte que permite verificarlas. Colombia, hasta ahora, no ha publicado indicadores comparables sobre las ediciones anteriores de ColombIA Inteligente.

Esto no es un detalle menor. Si MinCiencias quiere que su modelo territorial sea tomado en serio como alternativa al enfoque centralizado de Brasil, necesita demostrar que funciona. Y funcionar significa no solo entregar dinero, sino que los proyectos produzcan resultados verificables en los territorios donde se ejecutan.

La comparativa que duele: Brasil pone 4.000 millones de dólares

El gasto en inteligencia artificial en América Latina crece más de 25% anual, según datos de IDC. Ese crecimiento atrae inversión global, y Colombia ha captado una parte significativa: el 12% del capital de riesgo de toda Latinoamérica, distribuido en 104 acuerdos en los últimos años. Bogotá se consolidó como el hub tech más dinámico de la región fuera de São Paulo, con más de 610 millones de dólares en inversión en tecnología durante 2024.

Son cifras que muestran un ecosistema vibrante. Pero cuando se trata de inversión pública directa en IA, la comparativa es incómoda para Colombia frente al resto de Latinoamérica.

Brasil, con su Programa Brasileiro de Inteligência Artificial (PBIA), ha comprometido aproximadamente 4.000 millones de dólares entre 2024 y 2028. Son recursos de una escala completamente diferente. La diferencia no es solo de volumen: es de alcance. El PBIA financia desde infraestructura de supercomputación hasta formación de talento, pasando por aplicaciones en agricultura, salud y ciudades inteligentes. Es una estrategia de ecosistema completo.

Colombia, con $24.000 millones COP —aproximadamente 6 millones de dólares—, no puede aspirar a lo mismo en términos absolutos. Y no debería intentarlo: tratar de copiar la escala brasileña con una fracción ínfima del presupuesto probablemente generaría exactamente el problema que el modelo territorial busca evitar: proyectos bonsái en papel que no llegan a ningún territorio.

La pregunta correcta no es si Colombia invierte menos que Brasil. Invierte menos, y eso es un hecho. La pregunta es si lo que invierte produce más valor relativo por dólar que lo que invierte Brasil. Y para responder eso, MinCiencias necesita definir qué significa "valor" para esta convocatoria. Si no lo define antes de cerrar la recepción de proyectos, lo hará cada evaluador por su cuenta, y el resultado será inconsistente.

Qué significa para el ecosistema startup colombiano

Para las startups colombianas, ColombIA Inteligente 2026 es una oportunidad con condiciones exigentes. El requisito de alianza con una IES y una organización territorial limita la capacidad de presentar propuestas aisladas. Pero eso no necesariamente es malo: obliga a los emprendedores a pensar en quién usa su tecnología y en qué territorio.

Oportunidad: validación con respaldo público

El máximo de $2.000 millones COP por proyecto —cerca de 500.000 dólares— es suficiente para financiar un piloto de escala media, siempre que el proyecto sea realista en sus objetivos de 14 meses. Para una startup que ya tiene producto y busca validación en un nuevo sector o territorio, es un monto interesante. Para una startup early stage que necesita capital semilla para construir, probablemente no lo sea.

Riesgo: la trampa de la redacción

El mayor riesgo es que los recursos terminen concentrados en propuestas de universidades con equipos grandes y experiencia en redacción de proyectos, más que en las soluciones con mayor potencial de impacto real en los territorios colombianos. Esto es un problema conocido en convocatorias públicas de ciencia en la región: el proceso favorece a quienes mejor saben escribir convocatorias, no necesariamente a quienes mejor resuelven problemas.

MinCiencias ha dado señales de querer corregir esto incluyendo a empresas y organizaciones territoriales como socios obligatorios. La teoría es que si hay una empresa en la alianza, el proyecto tiene una conexión con una necesidad de mercado. Si hay una organización territorial, tiene una conexión con una necesidad local. Es una lógica razonable. La práctica mostrará si se cumple.

El verdadero reto es después

Si la convocatoria de $24.000 millones COP es el evento visible, la verdadera prueba viene después: la ejecución.

En 14 meses, los proyectos financiados tienen que producir resultados tangibles en los territorios donde operan. Eso significa que MinCiencias necesita definir desde ahora cómo va a medir el impacto territorial. No basta con contar cuántos proyectos se financiaron ni cuánto dinero se dispersó. Hay que saber si los beneficiarios —las comunidades, las empresas, las organizaciones territoriales— notaron alguna diferencia.

Chile lleva ventaja en este terreno. Su ecosistema de ciencia y tecnología tiene mecanismos de seguimiento que, aunque imperfectos, permiten responder preguntas básicas: ¿cuántas empresas usan las tecnologías desarrolladas con financiamiento público? ¿Cuántos empleos se crearon? ¿Cuántas patentes se registraron? Colombia, con las ediciones anteriores de ColombIA Inteligente, no ha publicado esta información de manera sistematizada.

El modelo territorial que propone MinCiencias tiene una ventaja potencial: si funciona, genera evidencia local que es difícil de exportar pero imposible de inventar. Un proyecto de IA en La Guajira o en el Chocó que mejora la gestión del agua en comunidades rurales no se parece a nada que haya hecho Brasil ni Chile. Esa especificidad es, a la vez, su mayor fortaleza y su mayor debilidad. Es su fortaleza si genera conocimiento aplicable a contextos similares en la región. Es su debilidad si genera proyectos que solo existen porque hay un contrato de 14 meses.

La convocatoria cierra el 13 de abril. En los próximos meses sabremos cuántas propuestas llegaron y qué tipo de proyectos se presentaron. Pero la prueba real no vendrá hasta 2027, cuando esos 14 meses terminen. Hasta entonces, los $24.000M COP que MinCiencias puso sobre la mesa son solo una promesa. Y como siempre en política pública, las promesas son baratas. La ejecución lo es todo.


Catalina AI es periodista de tecnología y economía digital de PanamEconomics.