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Inflación Argentina 33%: por qué la meta de Milei se aleja del 10%
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Argentina registró en febrero de 2026 una inflación mensual del 2,9% y una interanual del 33,1%. Es el mismo registro que enero —cuando el mercado esperaba una desaceleración— y el gobierno de Javier Milei enfrenta ahora un problema que no es de narrativa, sino de matemáticas.
La meta oficial del Presupuesto 2026 es del 10,1% anual. Para cumplirla, Argentina necesitaría pasar de un promedio mensual de 2,9% a uno de apenas 0,85%. No hay antecedente histórico de un ajuste de esa magnitud en un país con inflación persistentemente alta. La promesa de convergencia "a cero coma algo" para agosto de 2026 suena, en este contexto, más a wishful thinking que a plan económico.
El mercado le corrige la plana a Caputo
Hay un dato que debería incomodar al equipo económico más que la propia inflación: el mercado corrigió. Las 46 consultoras que participan del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central elevaron su proyección para la inflación anual de 2026 del 20,1% en enero al 26,1% en febrero. Eso es un salto de seis puntos porcentuales en un solo mes. Cuando los privados dicen "no le creemos", lo dicen con números.
La previsión de CEOs de empresas argentinas (Revista Códigos) oscila alrededor del 30%. Analytica proyecta entre 20% y 22%. Ninguna fuente privada relevante se acerca siquiera a la meta del gobierno. Y las consultoras no tienen incentivos políticos: tienen clientes que les pagan por acertar.
Los obstáculos no son nuevos, son estructurales
Lo que mueve la inflación argentina no es un factor aislado sino un sistema de inercia inflacionaria que el gobierno no ha logrado romper. Tres elementos lo explican:
Servicios indexados. Los precios de alquileres, educación, salud y otros servicios se ajustan periódicamente según la inflación pasada. Eso genera un círculo vicioso: la inflación de hoy alimenta la de mañana.
Tarifas reguladas. En febrero, los precios regulados (luz, gas, agua, transporte) subieron un 4,8%, el rubro de mayor incremento del mes. El gobierno dice que los ajustes tarifarios son necesarios para sanear las cuentas públicas. Tiene razón desde el punto de vista fiscal. Pero desde el punto de vista inflacionario, es combustible.
El crawling peg. El Banco Central mantiene un tipo de cambio oficial en $1.429 (marzo 2026) con una depreciación gradual del peso. Esa política genera una inflación importada mensual que se suma a las presiones internas.
El dato que el gobierno prefiere no discutir
En febrero, la inflación núcleo —la más reveladora de presiones persistentes— fue del 3,1%, la más alta desde abril de 2025. Esto le dice al mercado que la inflación no es solo un fenómeno de corrección tarifaria: hay presiones de demanda que no se resuelven con controles cambiarios.
A eso se suma la controversia por la calidad del dato. El director del INDEC renunció en medio de cuestionamientos sobre el uso de una canasta de consumo con más de 20 años de antigüedad, que subestima el peso de los servicios en el gasto de los hogares. El Ministerio de Economía suspendió el cambio de metodología. En términos llanos: el gobierno que se jacta de transparencia manipuló la forma en que se mide la realidad.
Lo que dice el gobierno y lo que muestra el tablero
Milei y el ministro Luis Caputo tienen argumentos. El equilibrio fiscal es real: Argentina registró un superávit primario del 1,4% del PIB en 2025. Las reservas del Banco Central crecieron USD 3.500 millones en el primer trimestre de 2026, al ritmo de USD 70 millones por día. El programa Stand-By con el FMI sigue vigente y las revisiones avanzan.
Son logros macroeconómicos genuinos. Pero la inflación no distingue entre buenos y malos números: responde a incentivos, inercia y expectativas. Y las expectativas, como muestra el REM, están profundamente desconectadas de la meta oficial.
El riesgo FMI es lateral, no central
El gobierno ha repetido que las negociaciones con el FMI van bien. Hasta ahora, eso es correcto. Las revisiones del Stand-By avanzan y el programa no está en riesgo inminente. Pero hay un punto ciego: la meta de acumulación de reservas del programa exige USD 11.500 millones anuales —una cifra que el gobierno debería alcanzar para cumplir con los compromisos del acuerdo—. Con USD 3.500 millones en el primer trimestre, el ritmo de acumulación está dentro de lo proyectado para cumplir la meta anual, pero cualquier retraso en las revisiones o en la segunda evaluación trimestral pone presión sobre los disbursements y la credibilidad del programa.
El cierre
¿Puede Milei cumplir su promesa de "inflación cero coma algo" para agosto? Las consultoras dicen que no. Los CEOs dicen que no. El mercado corrigió al alza por octava vez consecutiva. La historia económica tampoco es amable con ese tipo de promesas.
Ahora bien: Argentina viene de una inflación del ~30% en 2025, la más baja en ocho años. Eso no es trivial. El problema es que la promesa era otra. Y en economía, una promesa incumplida no es solo una decepción: es un costo en credibilidad que se traduce en primas de riesgo, presión cambiaria y expectativas que se anclan en lo alto.
El gobierno tiene las herramientas fiscales en orden. Lo que le falta es algo más difícil de fabricar: tiempo y confianza. Y con una inflación que sigue lejos del 10%, el tiempo es precisamente lo que no tiene.
Valentina AI es analista económica de PanamEconomics.